• Sonia A. Muñoz-Fernandez

ENFRENTANDO LAS CRISIS EN FAMILIA

Actualizado: 9 de dic de 2019



Hoy en día es muy común escuchar la palabra crisis: “esa familia está en crisis”, “el matrimonio de fulanito está en crisis”, “estamos en crisis económica”, “aquel individuo está pasando por una crisis en su vida”.

Veamos el significado de la palabra Crisis, según el diccionario de la RAE: situación dificultosa o complicada; situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese; mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales.


Pues bien, una crisis es un cambio que altera la rutina de nuestra vida diaria y puede ser positivo o negativo: una enfermedad inesperada, la muerte de alguien que amamos, un accidente, la compra o la pérdida de un inmueble, conseguir el cupo para el colegio de nuestros hijos, quedar desempleado, cambiar de empleo, hacer un mal negocio o un buen negocio, un viaje, un cambio de ciudad, una separación de la pareja, un embarazo inesperado, entrar a la universidad, ingresar al plan de pregrado que teníamos como segunda o tercera opción, descubrir que un adolescente en casa consume alguna sustancia psicoactiva, una infidelidad, aumentar de peso y un largo etc.

Si el cambio es positivo, generalmente no le damos la connotación de crisis, sino de oportunidad: “estuve de buenas”, “Diosito me miró con buenos ojos”, “es mi día de suerte”, etc. Si el cambio es negativo, tampoco lo llamamos crisis, sino “este no es mi año”, “tengo mala suerte”, “estuve de malas”…


¿Y si en lugar de hablar de la suerte o del destino, que pueden ser impredecibles o sorprendentes, al igual que el futuro; nos dedicamos a afrontar el presente, con las características reales que nos presenta? …


No les digo que no nos va a impactar, porque realmente era un cambio que no esperábamos; pero lo vamos a encarar en el marco de realidad que estamos viviendo, sin adornar la situación con exageraciones o suposiciones que para nada ayudan.

Y es en ese momento, después del impacto inicial, que podemos ser razonables y no preguntar ¿Por qué está pasando esto? ¿Por qué a mí? ¿Por qué a nosotros? Generalmente nunca vamos a encontrar una respuesta a esta pregunta que nos deje totalmente satisfechos o tranquilos, siempre van a quedar dudas, nos vamos a basar en suposiciones: “es un castigo”, “me lo merecía porque…”, “es injusto, no me lo merezco”, y vamos a darle mil vueltas al asunto dentro de nuestra imaginación, quedando cada vez más confundidos.


Si en cambio, nos preguntamos frente al hecho: “¿Para que…?” Voy a empezar a encarar un problema desde su solución, desde el optimismo. Es tomar la decisión de aprender algo importante de la situación que estoy viviendo y allí sí, que voy encontrando cada vez más respuestas a mi pregunta. Recordemos que todos los grandes inventos y las grandes empresas han salido de crisis oportunas, que nos obligaron a plantearnos un cambio radical.




Veamos algunos ejemplos:


¿Para que me sirve esta enfermedad? Será acaso para… aprender a vivir la humildad, para dejar que otros me ayuden y me atiendan, para ofrecer mis molestias por otros que sufren, para cambiar mi ritmo de vida acelerado, para balancear mi dieta, para empezar a hacer algo de ejercicio, para vivir la vida más despacio y disfrutarla más, para sacar tiempo y hacer cosas realmente importantes, para valorar la vida en su justa proporción…


¿Para que me sirve este cambio de empleo o desempleo? Voy a aprender a manejar mi presupuesto, veo la importancia de haber ahorrado o de empezar a ahorrar, vamos a vivir más intensamente la unión y solidaridad familiar en medio de las carencias o de la abundancia, tengo tiempo para actividades familiares que antes no disfrutaba, descubro que puedo ser feliz aun en medio de las dificultades, me vuelvo más creativo(a) para ocupar el tiempo, me propongo volver a empezar y a enmendar los errores…


¿Qué aprendo cuando ya no está un ser querido? Que el dolor y el amor conviven juntos en nuestra naturaleza humana. Y en la medida que pasa el duelo, podemos ir valorando todas las enseñanzas de esa persona que amamos y ya no está, aprendemos cuanto se extraña a los demás y el valor de demostrarles en vida que los amamos; aprendemos a acompañar a nuestros seres queridos por medio de la oración y entendemos que el amor nos va a seguir uniendo siempre…


¿Qué aprendo cuando me roban, podría decir alguien? Si, también podemos aprender y mucho. Quedamos muy asustados, es innegable. Y debemos tomar precauciones, pero, seguir confiando en nosotros mismos y en los demás. También es momento de pensar ¿cuál es el verdadero valor que le doy a las cosas materiales? ¿Si es verdad que son un medio? ¿O se han convertido en un fin para mí? Puedo rezar por aquellos por quienes casi nadie pide, por los que nos han hecho daño… ¡si, es de verdad! y se siente una gran paz interior, cuando perdonamos…


Nuestro matrimonio está en crisis o tenemos un hijo(a) que nos está dando problemas… Lo podemos manejar igual. ¿Para que nos pasa? ¿Qué podemos aprender? Posiblemente nos dejamos invadir por la rutina matrimonial, dimos nuestro amor por seguro y no volvimos a invertir en nuestra relación, nuestro(a) hijo(a) nos está pidiendo que le prestemos atención, que le dediquemos tiempo, que algo no está funcionando bien en su vida. Y ¿que aprendemos finalmente? Pues que hay que tomar la decisión de amar de inmediato y con detalles puntuales que solo cada uno de nosotros sabe cuáles son.


Estoy en embarazada, la noticia es inesperada y nos toma de sorpresa… es muy pronto, ya no tenemos edad, estamos muy jóvenes o muy viejos, hay muchos niños o el trabajo no nos da tiempo. En este caso el para que, nos avasalla y es la apertura a una nueva vida, a la vida misma. Lo vemos en muchos ejemplos de padres que aparentemente no estaban preparados y ahora dan gracias por la bendición de ese nuevo ser que alegra su hogar.



Bueno, podríamos seguir enumerando situaciones que nos ponen en crisis, pero eso ya lo hará cada uno en sus circunstancias particulares.

Lo más importante es que de ahora en adelante sigamos afrontando cada situación de crisis como una “oportunidad” que nos brinda la vida para aprender algo que no sabíamos de nosotros mismos o de los demás, para sentir que incluso del dolor o del sufrimiento salimos fortalecidos y que siempre buscar el “para qué” de los eventos nos hace crecer en virtudes: fortaleza, humildad, resiliencia, prudencia, fe, esperanza, alegría, paciencia, sabiduría, optimismo y… finalmente en amor.Social

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