• Sonia A. Muñoz-Fernandez

EL HOMBRE ES UN ANIMAL RACIONAL...¿QUÉ PODRÍAMOS DECIR?

Actualizado: 9 de dic de 2019

¡El hombre si es un animal racional; pero es mucho más que un animal racional!

Tratemos de analizarlo en forma práctica:



1. El hombre es un ser vivo:

Los seres vivos, entre ellos el hombre, se diferencian de los seres inertes en que tienen vida.

Las características de los seres vivos son: el auto movimiento (sin necesidad de un agente externo), la unidad (son individuos que se pueden contar y que no pueden dividirse sin morirse u originar otros individuos, por ejemplo), la inmanencia (realizar acciones que se guardan y se quedan dentro de sí, como comer, dormir, llorar, etc.), la autorrealización (hay una finalidad o un camino que ir recorriendo a lo largo del tiempo y que implica realización a cargo del propio ser vivo, como ir creciendo, marchitarse, envejecer, morirse), el ritmo cíclico (todo ser vivo nace, crece, se reproduce y muere siempre como un todo unitario y con base en los ciclos cósmicos, circulares y cíclicos, del universo).


2. El hombre es un animal que tiene vida intelectiva (que además comprende la vida vegetativa y la sensitiva):

Los seres vivos tienen una jerarquía en la escala de vida, que va de inferior a superior, según el grado de habilidad con que desarrollen las características anteriormente mencionadas, principalmente la inmanencia.

El nivel inferior es la vida vegetativa, que corresponde a las plantas y a todos los animales superiores a ellas. Sus funciones son la nutrición a partir del ambiente exterior, el crecimiento y la reproducción.

El segundo nivel es la vida sensitiva, propia de los animales y que no lo poseen las plantas. La vida sensitiva es la capacidad de percibir los estímulos externos e internos y dar una respuesta específica a ellos, por medio del instinto, como por ejemplo la pulsión sexual, el hambre o la sed. Entendiéndose el instinto como una tendencia biológica específica del organismo en respuesta a un estímulo y que no cambia en todos los miembros de la especie. La vida sensitiva tiene tres características: el carácter automático o no modificable del circuito estímulo-respuesta, la intervención de la sensibilidad para captar el estímulo y la realización de una respuesta con un fin que es propio de cada especie e inmodificable (¡el animal ya está programado para responder en esa forma y no de otra manera!).

El tercer nivel al que pertenece el hombre es la vida intelectiva, que posee la vida vegetativa y la vida sensitiva, pero que las sobrepasa, pues los seres humanos por medio del intelecto y la razón “se mueven en orden a un fin que ellos mismos se fijan”. Son características de la vida intelectiva:

- El hombre elige intelectualmente sus propios fines, excepto los fines vegetativos exclusivos de su especie (nacer, nutrirse, crecer y reproducirse). Pero hay más, el hombre es un individuo, porque puede elegir fines propios que no necesariamente comparten los demás hombres (fines individuales, por ejemplo ser pintor o arquitecto). Y todos los hombres comparten un fin último y común, que es la felicidad (¡Todos queremos ser felices, aunque a veces nos equivoquemos en los medios escogidos para llegar a tal fin!).

- El hombre tiene que encontrar y elegir los medios que conducen a los fines que busca alcanzar, y si no son los adecuados, puede usar otros.

Hasta este punto, respondemos que el hombre si es un animal racional. Pero hay más acerca del hombre…


3. El hombre posee una libertad inteligente, que le permite a partir de su vida intelectiva, proponerse a si mismo sus fines y elegir los medios para llevarlos a cabo, rompiendo el esquema específico de estímulo-respuesta. En el hombre, la razón siempre interviene en la satisfacción de los instintos y una de las consecuencias de la libertad personal, es que si el hombre no domina sus impulsos instintivos mediante la racionalidad, estos crecen en forma desmedida, sin ninguna ley que los modere y llega a ser peor que los animales, porque en ellos el instinto se da por igual en todos los individuos de su misma especie, en cambio en los seres humanos no hay límite. Por esto, si la decisión tomada por el hombre es nociva y decide “dejarse dominar” por sus instintos, como en el caso de la sensualidad, el hambre o la agresividad, por ejemplo y terminará haciéndose daño a sí mismo o a los demás.

La libertad será entonces, la capacidad del hombre para ser dueño de sus propios fines, con el fin de perfeccionarse a sí mismo. Y un hombre que tiene la capacidad de ser dueño de sí mismo, es una persona.

4. El aprendizaje es el instrumento decisivo para el ser humano. A partir del aprendizaje vienen la técnica y la cultura, sin las cuales el hombre no es biológicamente viable. Del aprendizaje salen los hábitos y cuando estos hábitos son operativos y buenos, aprendemos las virtudes y tratamos de imitar los buenos valores. Y no nos es posible aprender hábitos, técnica y cultura, sin la educación y la ayuda del entorno social y principalmente familiar.

5. A diferencia de los animales, el cuerpo humano está al servicio de las funciones superiores o intelectivas y aunque cumple funciones orgánicas básicas sistémicas, también posee características que nos diferencian de los animales, como la bipedestación, la posición libre de las manos, la postura erecta, la posición frontal de los ojos, y el gran desarrollo cerebral, que nos permite por ejemplo reconocernos frente a un espejo y saber que “soy yo”, un “quien” específico y no otra persona.


6. Además, el cuerpo humano cumple funciones no orgánicas que están al servicio de las funciones intelectivas y nos permiten desarrollarnos como personas, a la vez que nos diferencian del resto de las especies: no solo emite la voz, también articula palabras y crea un lenguaje; hace gestos simbólicos y expresa lo que quiere, piensa y siente; usa y fabrica instrumentos, principalmente por medio de las manos que son “el instrumento de instrumentos” porque están al servicio de la persona entera (corpóreo-espiritual); trabaja, escribe libros, compone piezas de música, etc.





7. Como personas somos una unidad compuesta de dos dimensiones que podemos diferenciar pero que no niegan la unidad, y son el cuerpo y el alma, siendo el alma “el primer principio de vida de los seres vivos” (Aquino, Summa Teológica, I, q. 75, a.1). Por esta razón podemos afirmar: “yo soy mi cuerpo, soy corpóreo y yo soy mi espíritu, yo soy en suma una unidad corpóreo-espiritual y todo lo que involucra el cuerpo involucra el espíritu y viceversa”. Esta unidad corpóreo-espiritual es la base o el sustrato de lo que soy, “el así soy”.


8. Tenemos además, un triple dinamismo operativo: biológico, psicológico y espiritual, por medio del cual expresamos a los demás y a nosotros mismos, la persona que somos y nuestras características, temperamento y carácter. Ese triple dinamismo es la fuerza que nos ayuda a crear y a crearnos a partir de la persona que somos, nos dispone a darnos a los demás y a recibir a los demás. Estos niveles de acción de la persona humana son la tarea a realizar, y constituyen el “así actúo”.


9. Al nivel de acción biológico pertenecen los movimientos involuntarios y fisiológicos. Al nivel psicológico están asociados los sentimientos, impulsos, afectos, emociones y pasiones, tanto como las habilidades para la realización de actos concretos (es lo que miden los test de inteligencia, por ejemplo).


10. La dimensión espiritual está compuesta por la inteligencia humana que nos permite razonar y ponderar todos los asuntos concernientes al ser humano y por la voluntad que nos permite tomar decisiones en forma libre y responsable. Este nivel espiritual nos permite pasar de la inmanencia (conciencia de interiorización del sí mismo e intimidad) a la trascendencia, como deseo y reconocimiento de unión con Dios, y con los demás, por medio de la capacidad de amar, como un don exclusivo de la persona humana. Trascendencia es salir de nosotros hacia los otros y hacia Dios.


11. Y para concluir, la dignidad de la persona humana es el valor que tenemos por “sí mismos”, por el hecho de existir y ser, es nuestra substancia, es la conciencia de que somos seres únicos e irrepetibles, creados a imagen y semejanza de Dios. La dignidad es la autoconciencia de quien es cada uno y de “cuánto vale” como persona (¡Vale todo!). La mayor manifestación de nuestra dignidad humana, son los actos libres que nos indican la importancia que tenemos como personas y son los actos de mayor jerarquía que se pueden realizar y que definitivamente nos diferencian de los animales, porque en ellos intervienen las decisiones tomadas a la luz de la inteligencia y realizadas con el concurso de la voluntad en forma libre.

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© 2023 Dra Sonia Muñoz