• Sonia A. Muñoz-Fernandez

LA AMISTAD EN LA FAMILIA

Actualizado: 9 de dic de 2019



La familia es el lugar donde tenemos puesto el corazón y donde nos aceptan como somos. Su motor es el amor. En el calor del hogar, vivimos momentos alegres o tristes, aburridos o mágicos, pero siempre nuestros e íntimos.


¿Y como encaja la amistad en este engranaje del amor familiar? ¿Los cónyuges podemos ser verdaderos amigos? ¿Es válida la amistad entre padres e hijos? ¿Existe la amistad entre los hermanos?


Empiezo describiendo el significado de la palabra amistad según el diccionario de la RAE, “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que crece y se fortalece con el trato”.


Pues, resulta que la amistad sí es un elemento importante que fortalece la vida familiar, porque nos permite comunicarnos en forma asertiva y compartir los sentimientos que nos genera cada situación. Además, permite que nos entiendan en el contexto particular que nos acompaña, en forma desinteresada y afectiva.


Cultivar la amistad en la familia es todo un arte, que requiere un punto intermedio entre la confianza, el respeto y el ejercicio correcto de la autoridad.

En primer lugar la amistad familiar, nace con los esposos. Recordemos que en este caso, la amistad es el medio que nos lleva a ser novios y a confiar. Posteriormente cuando decidimos comprometernos, no hay mejor par de amigos que unos recién casados, se cuentan ¡lo divino y lo humano! ¿Y entonces que sucede después? Que vamos perdiendo en forma sutil la confianza, porque sentimos que la otra persona nos desaprueba o nos critica negativamente y nos vamos alejando. Incluso, reemplazamos a nuestro cónyuge con un mejor amigo(a), poniendo en peligro nuestro amor e integridad de pareja, si esa persona es del sexo opuesto, o, apartándonos por medio de las confidencias y los secretos, si ese amigo(a) es de nuestro mismo sexo.


Pero si en cambio, cuidamos a la par el amor y la amistad en la pareja, la confianza va aumentando y frente a un comentario del otro, nos comportamos como lo hace un(a) verdadero amigo(a): perdonamos los errores, corregimos al otro, nos reímos por tonterías, disfrutamos de cosas sencillas, le ayudamos con ideas para resolver sus problemas, compartimos los gustos y aficiones, soñamos juntos, nos aburrimos juntos, planeamos juntos… y si a esto le sumamos que ese(a) amigo(a) es mi compañero(a) para toda la vida, pues creo que ¡vale la pena!


Claves: confianza, comprensión, respeto y alegría.

Y como somos unos esposos tan amigos, entonces ¿Nos contamos absolutamente todo? Casi todo, diría. Recordemos que hay asuntos concernientes a la moral, que hacen parte del pasado, o que ya están superados y que en vez de ayudar, le harían daño al otro y a la relación de pareja.


Ahora, el segundo paso de la amistad intrafamiliar, es la de los padres con los hijos, que si existe y es posible. En este tema es importante es no confundir amistad con complicidad. Ni perder de vista, la verdadera dimensión de la autoridad, como un servicio que debemos y tenemos que prestarles a nuestros hijos, para contribuir a su recta formación. Actualmente es frecuente ver padres que “supuestamente son amigos de sus hijos” y compiten con ellos en la moda, comparten los vicios, las amistades y hasta las parejas. O creen que ser amigos es ser confidentes “de todo”, es no tener derecho a corregir, es igualarnos en autoridad, es dejar de ser modelo…

La verdadera amistad en el seno de la familia, requiere que tengamos claro el concepto de autoridad. Los padres siempre somos y seremos los principales formadores-educadores de nuestros hijos. Si no lo hacemos nosotros ¿quién?...

En esta amistad también es importante que los hijos vivan el trato amistoso y alegre que se dan sus padres entre sí.

Posteriormente, vendrá en forma oportuna, la educación en la confianza, la importancia de enseñar a decir la verdad asumiendo las consecuencias de los actos, el desarrollo de la autoridad frente a los permisos que se deban o no dar, la enseñanza de la responsabilidad en los deberes, la exigencia frente a las normas del hogar y el buen ejemplo. Es decir, ¡amistad pero con las reglas claras!

La verdadera amistad familiar también requiere que los padres vamos cambiando las normas y las exigencias con los hijos, acorde a su edad y grado de responsabilidad. Un factor esencial es la buena escucha entre todos los miembros de la familia, pues ¡cuando los hijos crecen pueden hacer grandes aportes y sugerencias en pro de la vida familiar!

También debemos ser realistas y entender que como sus padres, los hijos no nos van a contar absolutamente todo, como lo harían con su mejor amigo(a), precisamente porque no somos solo sus buenos amigos, ¡somos ante todo sus padres!

Claves: buen ejemplo, autoridad-servicio, respeto, confianza y buen humor

Y vendrá el tercer paso, que es el de fomentar la amistad entre los hermanos, basada en el ejemplo de amor-amistad entre los padres, en las diferentes crianzas de los hijos de acuerdo a lo que cada uno necesita, y en el respeto entre todos, frente a la diferencia de edades, caracteres y sexos. Enseñarles a pedirse perdón entre ellos, a darse las gracias, a tener detalles, a ser alegres y generosos, a compartir actividades, a ser confidentes. A ser “panas” y buenos amigos, para siempre.


Y ¿Cómo reconocemos la amistad en nuestra familia? SI…


- en nuestro grupo familiar nos sentimos cómodos

- nos dan ganas de llegar a la casa porque hay calor de hogar

- existe confianza para hablar de asuntos triviales, cotidianos, importantes y graves

- nos reímos en forma frecuente, pero no los unos de los otros, sino con los otros

- compartimos gustos, aficiones, vacaciones y otras actividades, divirtiéndonos de verdad

- apreciamos los amigos de cada uno

- entendemos los cambios personales y de actividades de acuerdo a la edad de cada uno

- compartimos las creencias y la misma fe

- nos respetamos frente a las diferencias

- somos prudentes en los comentarios

- nos enojamos y nos perdonamos, por medio de discusiones constructivas

- manejamos con humor los momentos difíciles

- respetamos la intimidad, los momentos de soledad y el espacio de cada uno

- entendemos que todos necesitan momentos a solas o con otras personas

- no estamos de acuerdo, pero buscamos una salida (diálogo amistoso)

- podemos corregir con confianza a quien se equivoca

- le ayudamos al otro a resolver los problemas

- le prestamos el hombro para que llore al que lo necesita

- compartimos o no, los sueños, planes e ilusiones; pero siempre colaboramos en que se hagan realidad

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